No todas las almohadas son lavables, por eso te recomendamos seguir nuestra guía:
Sólo debe lavarse la almohada si podes garantizar su secado completo. Debido a su material, las almohadas absorben agua como esponjas, y pueden conservarla aunque estén aparentemente secas. Para estar seguros del secado, lo mejor es pesar la almohada antes de lavarla. Si después del secado su peso aumentó, indica que ha quedado agua retenida y debemos continuar con el secado. Con el uso, la almohada va acumulando material orgánico (secreciones del cuerpo) que son un ambiente ideal para proliferación de microbios, sumado a la oscuridad, humedad y temperatura corporal. Por ello, el lavado siguiendo las indicaciones estrictas de cada almohada es imprescindible para eliminar una parte de estos microorganismos.
Generalmente exponemos las almohadas al sol pensando en un mejor secado y ventilación. Sin embargo, el sol calienta el interior húmedo de la almohada, acelerando el desarrollo de microorganismos y resecando su superficie. Es mejor ventilar la almohada, protegiéndola con una funda, o secarla con luz indirecta. Esto aumentará su sanidad y duración. Recomendamos guardar las instrucciones del uso y conservación, y en caso de lavado en lavandería, pedí que las instrucciones de lavado sean respetadas.